Cáncer Canino: Tumores Vaginales y Vulvares

Cáncer Canino: Tumores Vaginales y Vulvares

Descripción

Los tumores vaginales y vulvares son el segundo tumor reproductivo femenino canino más común después de los de la glándula mamaria. Constituyen del 2,4% al 3% de las neoplasias caninas. A diferencia de los tumores de las glándulas mamarias, las lesiones vaginales son de naturaleza no cancerosa y se originan en los tejidos del músculo liso (músculo involuntario que se encuentra en las arterias, venas, vejiga y útero). Los tumores vaginales y vulvares no malignos informados en la literatura veterinaria son leiomiomas, fibroleiomiomas, fibromas, pólipos, lipomas, adenomas sebáceos, histiocitomas fibrosos, melanomas benignos, mixomas y mixofibromas.

Ha habido informes de tumores malignos, así como tumores venéreos transmisibles (TMT), adenocarcinoma, carcinoma de células escamosas, hemangiosarcoma, osteosarcoma, tumor de mastocitos y carcinoma epidermoide.

Los perros sin par, nulíparas (que nunca han dado a luz a un cachorro) en el grupo de edad de 2 a 18 años son más susceptibles. Sin embargo, los lipomas tienden a ocurrir en perros más jóvenes en el grupo de edad de 1 a 8 años son susceptibles a los lipomas. En un estudio, los boxeadores estaban sobrerrepresentados.

Los leimyomas se originan principalmente en el vestíbulo de la vulva (un espacio triangular entre las ninfas, en el que está situado el orificio de la uretra). Se manifiestan a ambos como formas extraluminal e intraluminal. Los extraluminales son tumores de crecimiento lento que aparecen grises, blancos o bronceados. Están bien diferenciados y mal vascularizados (suministran tejidos con vasos sanguíneos). Los tumores intraluminales, por otro lado, se encuentran en la pared vaginal. Son firmes y ovoides. Algunas veces hay ulceración debido a exposición, irritación o infección secundaria.

Síntomas

Los signos clínicos que no se ven con frecuencia incluyen hemorragia o secreción vulvar, una masa vulvar agrandada, disuria (dolor al orinar), hematuria (sangre en la orina), tenesmo (dificultad para defecar), lagrimeo vulvar excesivo y distocia (dificultad anormal en el parto o labor). Los tumores que carecen de pediculación (el tallo como la base a la que se une un pólipo o un tumor) y tienden a producirse con frecuencia en la región vaginal y vulvar finalmente evolucionan a malignidad.

Técnicas de diagnóstico y ejercicios

Las técnicas de diagnóstico pueden incluir examen vaginoscópico, vaginografía retrógrada o uretrocistografía, citología por aspiración, radiografías abdominales caudales, ultrasonografía e imágenes avanzadas como resonancia magnética y tomografía computarizada.

Tratamiento

Dado que se ha encontrado que los tumores vaginales dependen de las hormonas, la ovarihisterectomía es el tratamiento de elección. Esto también permite el examen de los órganos abdominales para detectar la presencia de metástasis. La extirpación quirúrgica conservadora combinada con ovarihisterectomía da como resultado la remisión completa de los tumores benignos. Los que se encuentran en la pared vaginal se pueden eliminar transfiriendo suturas en el pedículo.

A veces, debido a la escasa visibilidad del pedículo o la papila uretral (la ligera proyección en el vestíbulo de la vagina que marca el orificio uretral), la ovarihisterectomía se vuelve difícil. Para hacer las cosas más simples y fáciles, se realiza una episiotomía dorsal (una incisión hecha a través del perineo para ayudar al parto). También ayuda en la extirpación quirúrgica de tumores extraluminales.

Sin embargo, si el tumor primario y los tumores secundarios no se pueden extirpar por completo, los veterinarios recurrirán a la radioterapia. Para tumores vaginales malignos, se realizan una vulvovaginectomía completa y urethrestomy perineal.

Pronóstico

El pronóstico de los tumores vaginales y vulvares benignos es bastante bueno. Sin embargo, el resultado para los adenocarcinomas y los carcinomas de células escamosas generalmente está resguardado.